domingo, 13 de julio de 2014

FILOSOFÍA. CAPÍTULO CUATRO. SOCRATES.
La historia de hoy es una historia triste por naturaleza, es la vida que se entrega a los brazos de sus verdugos, la Razón misma que sucumbe a sus propios principios y muere por no traicionarlos y ser coherente consigo mismo.
La decadencia de Grecia trajo por o como consecuencia el imperio de los tiranos, aquellos que vivían y sentían tal y como negó Sócrates percibir la conciencia humana. Se le condenó por hablar críticamente del comportamiento de los dioses, esos que estaban hechos a imagen y semejanza de quien los creo, esos que de entre todos uno de ellos se perpetuó en el tiempo hasta nuestros días y por el cual, hoy se sigue matando, veintitrés siglos más tarde. Tuvo la posibilidad de escapar a esa condena pero prefirió aceptar la pérdida de su vida a renunciar a sus convicciones ¡Qué grande lección para la ética universal, qué paso hacia la eternidad, qué espíritu transparente, que vuela errante sobre la generalidad de nuestras conciencias y que es piedra angular de toda la ligazón interplanetaria!
Su misma verdad colisionaba contra los que se profesionalizaban en el arte de la retórica relativista, contra los que estaban encantados de haberse conocido pero cuyo mensaje no llevaba más que a la vacuidad y estimulaban proscripciones a las antítesis que como es natural germinan mediante el dialogo constructivo.
Creyó en la bondad del ser humano hasta que cayó su última gota de sangre, promulgó el autoanálisis como medio de crecimiento personal y como forma de búsqueda introspectiva de la piedad que pensó, todos llevamos dentro. Dedujo su alma buena que el que hace un mal es, antes que un malvado, un ignorante, puesto que carece de saber; teorizó más aún en su fé pétrea hasta la creencia ciega en que conocer el bien y la justicia lleva a la acción buena y justa; que obrar bien y con justicia lleva a la felicidad.
Sócrates, amigo, creíste hasta en tus verdugos y abrazaste la muerte con templanza pues, preferías sufrir una injusticia antes que acaso cometerla.
Vida eterna.

miércoles, 25 de junio de 2014

Filosofía. Capítulo 3. DEMÓCRITO.

Si existe un misterio en el mundo de la filosofía ese está encarnado en Demócrito (460-370 a.c.), de la escuela de Abdera, fundada por el maestro Leucipo (que lucía un buen tipo). Gustábale viajar y tratar con las gentes, de quien siempre jactábase de aprender menos de lo que enseñaba. De natural presuntuoso y orgulloso, acostumbraba a besarse a si mismo ante un espejo tras acabar sus ensayos de dialéctica, e incluso prorrumpía en un largo aplauso lleno de autosuficiencia.
Pero he aquí que, por infortunios de la vida o por un exceso de hermetismo calculado, los tratados de filosofía dicen encontrar en ello la causa de que no nos haya llegado su amplio manual en materias físicas, matemáticas, éticas, musicólógicas y tecnológicas.
Permítanme que sean expuestos brevemente sus descubrimientos en materia respecto de la physis para asombro de lectores:
" La materia está compuesta por infinitas unidades invisibles al ojo humano por su tremenda pequeñez, e indivisibles, a las que llamo "átomos", por tanto, inaccesible a los sentidos, no así a la Razón. Estos átomos son semejantes en sentido cualitativo pero varían en función de su posición, tamaño y forma. Se mueven mecánicamente en el vacío y colisionan entre si por causa del azaroso espacio en el que funcionan. Es por esto que su conjunción forma los distintos cuerpos de la naturaleza, del nuestro y de otros infinitos mundos. El origen parte del fango terrestre, de donde nace la esencia constitutiva de los cuerpos, entre ellos el ser humano, cuyo físico y alma son mortales. Toda explicación religiosa paralela nace del miedo o el agradecimiento a los diversos fenómenos naturales"
La preguntas es: ¿Cómo fue capaz de desentrañar tales misterios, que necesitan de un material altamente tecnológico no existente en la época?".
La respuesta viene encadenada con el anterior capítulo. Si recuerdan, Parménides quedó convencido de haber sido origen de ciertas sensaciones eléctricas cuando cruzó mirada con ese ser tan extraño de cabello de erizo, pero no fue así sino más bien al contrario.
Nuestro electroduende venía de hacer una última visita a Demócrito.
Habíanse conocido cierto día en que aquel aterrizó por error en este nuestro planeta, sentado en su cometa que llegó a la meta -supuestamente-, aunque no era así. Destrozó todo el jardín (que con esmero cuidaba Demócrito en los atardeceres mientras divagaba en sus estudios sobre las variadas ciencias). Fue tal el estruendo del golpe que rompiose el espejo sobre el cual acostumbrabase a besar nuestro personaje del día. Pero fue fecunda aunque breve la amistad que se forjó entre ellos, hasta que llego el día en que, después de haber sido profusamente aleccionado sobre tales materias antes expuestas, por parte del electroduende, llegó la notoriedad pública de Demócrito a alcanzar límites insospechados, y el caudal de monedas por aquello adquiridas no entraba ya no en caja de caudales sino en el mismo Banco de Grecia. Pidióle el electroduende un diezmo por tal beneficio en pago a los secretos atómicos transmitidos, pero la usura de Demócrito fue tan grande que no cedió en darle un mísero denario romano o perra gorda española, tanto así que por contra era grande el desprecio recibido, hasta que un día estalló el electroduende en ira desmedida, y tanta fue que le salieron átomos radiactivos de la misma cabeza a través de los pelos (amén de centellas), como si fueran fuegos artificiales en una noche de San Juan y las explosiones fueron oídas de allí hasta Cincinnati pasando por Wisconsin y Oklahoma, por cuanto salieron la mayoría de sus escritos ardiendo cual paja en establo.
Fueron esos momentos posteriores los cuales tuvieron que ver con el encuentro causal y visual con Parménides, quien siguió ajeno a lo trascendente del momento, punto y final de la estancia del electroduende en la tierra y principio de partida del cometa hacia su meta, tierras lejanas habitadas por los llamados García-Viso, gentes de especial sensibilidad hacia las artes así como las ciencias.
Hete aquí referido el secreto.

martes, 24 de junio de 2014

Parménides responde a Heráclito



Filosofía, Capítulo 2.
Efectivamente, poco tardó, entrada la mañana en encontrar Heráclito a Parménides (que salía de la tabernilla de tomarse unos cuantos carajillos que, siempre eran un estímulo para sus meditaciones). Contole todos sus filosofares en escaso tiempo pero de manera concisa y clara, tanto, que Parménides no pudo más que abandonar su fugaz estancia en Éfeso y marchar a su tierra natal, en Nápoles -lleno de envidia-. Por el camino, en el AVE (fénix) de su natural templanza y testarudez, ibase lamentando de no haber él sido capaz de llegar a esa conclusión. Mas no tardó en caer rendido por los efectos de el coñac, y en sus elucubraciones pasósele por la mollera que todo el mundo tenía por costumbre proyectar en sus dioses la imagen de si mismo. Pensaba: " No sé si los dioses nos han hecho a imagen y semejanza suya, lo que tengo claro es que nosotros los hacemos a ellos a la nuestra y en medida proporcional a nuestras entendederas...,  que bueno soy, joder". "Ahora mismo le llamo a su móvil y se lo digo!"
Y así lo hizo:
-Heraclito?
-Si, quién es quien tiene a bien llamarme?
Soy Parmenides ostias! (pues solía expresar su carácter por medio de palabras malsonantes, que a él parecíanle más expresivas)
-Dime dime, estas jodido todavía no?
Y le expresó lo anteriormente expuesto, y sin más dio rienda suelta a sus cavilaciones y sin a penas darse cuenta le refirió otras sustanciosas menciones que salían como expelidas por un torrente de transparente imaginería incognoscible.
-...y sabes qué? Pienso que la realidad debe estar originada por una única cosa, de la misma forma que la vida es una sola y da muchos distintos frutos. La razón debe llegar por un único camino a la Verdad, que es Una. Las cosas son y podemos pensarlas en tanto que son. Ser y Pensar se identifican, ya que solo podemos pensar aquello que es de alguna forma. Qué,¿como se te ha quedado el cuerpo machote?
Se hizo una breve pausa, que a Parménides se le ocurrió eterna (dándose aquí la oportunidad de que hubiera reflexionado acerca de la relatividad de las apreciaciones sensitivas, pero no llegó a tales). Su corazón bombeaba exultante ante la falta de expresiones por la otra parte. Por fin, tras un casi inapreciable sonido que parecía salir de la misma garganta de una rata, Heráclito pregunto:
-Bien, Parménides, pero, ¿acaso no nos lleva el pensamiento a imaginar unicornios por ejemplo, siendo como bien sabes estos una mera fantasía?
Parménides hubiera dado toda su fortuna por poder ahogar en ese momento al dueño de tal atrevimiento pero, como tal no era factible, su mente comenzó a trabajar de manera eléctrizante, tanto, que pudo ver como un duende que pasaba por allí convertíase de momento en electroduende como consecuencia de la interacción molecular que expelía cada átomo de su cuerpo (de todo esto hablaremos en el próximo capítulo). Tanto y tan deprisa trabajó esa materia gris, que parecíale haberse convertido en negra de repente. No obstante las tinieblas, fue capaz de dar una respuesta con total convencimiento de que entraba dentro de los límites de la cordura de la lógica deductiva, de la Razón misma y de la Verdad.
-Querido Heráclito: la imaginación, el mundo de los sueños y las ensoñaciones mismas son y forman parte de la realidad en tanto que la Verdad no se corresponde solo con la tangibilidad de las cosas sino que todo lo que parte del pensamiento forma parte de una realidad paralela que nace y es parte inequívoca como producto resultante de nuestra propia destreza interior. Somos capaces de imaginar y eso mismo pertenece a nuestra verdad a nuestra propia realidad, luego también es Verdad pura y tiene su base en la propia materia de nuestro intelecto, que es Uno.
-Joder! respondió Heráclito abatido (pues ese era su natural caracter)
- Bueno, a ver si un día nos vemos y te invito a comer.., salió al paso Parménides
Heráclito permaneció en silencio, para regocijo de Parménides -que seguía disfrutando de su ocurrencia-.
Pero Heráclito pensaba, solo pensaba: "tu mucho que te voy a invitar pero nunca invitas... La próxima vez te cuelgo la llamada".
Y el electroduende mirole fijamente a los ojos, con un atisbo de burlona sonrisa mientras de sus ojos salieron dos luciernagas luminarias que querrían haberle dicho: mañana es mi día

lunes, 23 de junio de 2014

Heráclito

Comenzando un viaje a través de la filosofía nos encontramos con un personaje interesante que vivió en Éfeso, cerca de Mileto. Se llamó Heráclito y se dedicaba a interpretar el Logos (la ley divina) en el Templo de Artemisa. Se ve que le gustaba pensar (no existía la tele ni la play etc). De modo que un buen día dijo: " estoy aburrido, voy a reconstruir ese logos, voy a pensar en la ley que gobierna el mundo, por ejemplo"
Dándole vueltas a la cabeza, a veces en medio de la calle, arrimado a una pared en sombra, sentado otras veces, le vino a la cabeza un pensamiento: "Este mundo , que es el mismo de todos, no lo hizo ningún dios o ningún hombre sino que fue, es y será siempre fuego viviente...)
Parménides, que pasaba por allí tuvo ocasión de entablar una breve conversación con él
- Qué pasa Heráclito, que te veo un poco tristón, joío!
- No te rías, Hera, es que tengo un día un poco tonto. Estoy pensando, como siempre.
- Me parece bien -contestó ufano y con una media sonrisa en sus labios que entreveía cierta socarronería de pensamiento por la visión tan lamentable que solía expeler siempre su apesadumbrada figura-, pero no te pongas al sol que luego dices que te duele la cabeza. -y con esto se despidió, con un gesto en la mano, parecido al de la reina Leticia.
Heráclito volvió a quedar solo y, en pocos minutos logró retomar el rumbo de sus meditaciones, cuando de pronto, le vino a la cabeza algo tan singular que tuvo que pedir un Pilot en la taberna de la esquina para apuntar tan incandescente logro metafísico, pensó: "como mi visión es Panteísta, es decir, no concibo bajo ningún aspecto lo divino como instancia creadora y externa al mundo, sino como ley unitaria e interna que abarca y explica la totalidad de lo viviente, mi pensamiento se asemeja a los filósofos herméticos que vienen de oriente, en tanto que para ellos la figura de dios no creó el mundo sino que el mundo es y forma parte de él. No me puedo imaginar a un dios mago sino una fuente eterna -a nuestros ojos- de vida, pues si él lo es todo, nada puede haber fuera de él que no haya estado dentro de él mismo; de otra forma sería el todo (todopoderoso) y algo más que sería nada y si es nada pues todo esta dentro del Todo, nada puede ser.
Y con esto, parece que se fue a casa un poco más contento y pensando: Verás mañana cuando se lo cuente al tonto el haba de Parménides....

viernes, 13 de diciembre de 2013

DESOBEDIENCIA CIVIL

http://www.youtube.com/watch?v=LGUzOjqZ2sU


Matt Damon y el discurso de la Desobediencia Civil








ME HACE DAÑO

Artículo. Joaquín Mendoza Banda

Me hace daño la hipocresía de este mundo, los jefes de estado y sus discursos preparados y estudiados para una coyuntura especial. Me duele el engaño continuo a sus pueblos que pacen como mansas ovejitas en bonitos paisajes de hierbas azules y verdes cielos; de las aguas opacas que hidratan sus transparentes cuerpos orinan sus detritus sobre bandejas de plata.., aquellos que pastorean nuestro futuro. Me duele mi pasividad mundana y no poder ofrecer ni un consejo; soñar un futuro y mutarse en negro espectro. Me duelo a mi mismo por lo que no he hecho; lo alejados que estamos de nosotros mismos, de nuestro epicentro, de terciopelo negro. Los niños hambrientos y el dolor de sus madres de rostro cadavérico; el tercer mundo, y el cuarto...¿y el primero, de qué está hecho? De la pasividad y el desencuentro, del lujo placentero, de la mirada a otra parte y del no saber ni lo que en verdad quiero, o necesito. Mi conciencia de azabache me revuelve las mismas entrañas.., pero la pasividad me oculta el miedo que subyace dentro. Saber que Miguel y sus niños yunteros esperan de mi un consuelo, un abrazo, un te quiero y yo, los siento tan lejos..; una nueva lectura, como aquella que comenzaba a la vida con un todo por descubrir, y aquel mi primer buen maestro ¿y qué es lo que he hecho, y qué es lo que hacemos?
Esta noche he soñado que volaba y planeaba sutilmente sobre el infinito eterno y, nadie me esperaba en ninguna parte, ni las horas marcaban el tiempo, pero al poco se torno en angustioso infierno el miedo al vacío. Sentía que no era dueño de mis alas, que mi enemigo era el mismo aire y que comenzaba a caer sobre el precipicio de mis propios pensamientos, de mis temores, sobre un precipicio sin fin. Y caí y caí y caí de manera interminable y mientras tanto me rodeaban sus voces, sus gritos, sus rostros hambrientos, sus huesos descarnados sobre un presente tétrico hecho de famélicas empatías y faustos lechos. Pero tuve suerte y antes de caer aplastado sobre el frío suelo se convirtió mi ángel guardián en monstruosa autofágia que me devoró entero. Y volví a nacer otra vez, como excremento.

lunes, 11 de febrero de 2013

Breve final. Capítulo quinto y último.

Era como volver a la vida. Poco a poco iba tomando conciencia de todo cuanto me rodeaba. Los recuerdos volvían a invadirme y el rompecabezas comenzaba a completarse, si bien, había ciertas circunstancias que me llamaban la atención: la lucidez con que mi mente había compuesto unas historias, que ahora sabía eran ficticias. De lo único que esta a seguro era de mi amistad con Guillermo, amigo de siempre, desde que íbamos al colegio siendo muy niños.
Reí en mi interior. ¡La mente es increíble!- pensaba jocosamente-¡Vaya historia, espero  poder contársela pronto!
Al poco entró en la habitación el equipo médico que me había estado observando meticulosamente durante todo el tiempo que había permanecido postrado en la cama. Había, según parece, permanecido en coma durante aproximadamente un mes, durante el cual, mi cuerpo se había mantenido inerte, pero no así mi mente.
-Enhorabuena; bienvenido.-me felicitaban todos ellos.
Esa misma tarde recibí la visita de amigos y se les veía pletóricos de felicidad. A mi me resultaba un tanto extraña toda esa situación.
Guillermo fue quien me dio la explicación que necesitaba. Llegó a la mañana siguiente, bromeando como siempre. Tocó con los nudillos en la puerta cantando un "Buenos días, bello durmiente". No llegaba sólo, le acompañaba alguien que ya conocía sin haberla visto antes. Se me erizó el vello de todo el cuerpo.
-¡Bueno compañero, creo que ya va siendo hora de que te levantes!-me manifestó gozoso- Te presento a Claire, una amiga con la que estoy trabajando en mi última pintura.
Creo que balbuceé sonidos inarticulados, me atraganté incluso y sin darme lugar a situar o a poner mi mente en orden, se acercó a mi y me dio dos besos, besos que sentí carnosos, como sus labios, sensuales; labios que se posaron sin presteza sobre mi cara y me dejaron retazos del perfume de su piel, del que destilaba cada poro de su blanca piel y del que aún llevo impregnada hasta mi alma.
No encontraba explicación alguna. Su sonrisa abierta; sus ojos hasta el más mínimo detalle; su pelo sedoso y ondulado, espeso y lleno de vida y color; sus hombros redondeados y sensuales.Toda ella era igual a la que había habitado en mi interior durante mis días de ausencia. "¡Claire, vida mía!"-pensé.
-¿Qué me ha ocurrido?-fue lo único que acerté a preguntar, mientras me esforzaba por apartar la mirada hacia la de Guillermo.
-¿Que qué te ha ocurrido?-casi gritaba- Has estado a punto de no contarla, amigo. Alguien te golpeó en la cabeza con un objeto contundente cuando salías del banco, por la tarde, ya de noche. ¿Cómo se te ocurre sacar dinero de ese cajero, en esa calle tan oscura y poco transitada?
Yo solo pensaba y escuchaba estupefacto, mudo.
-Afortunadamente los médicos -continuó diciendo- nos informaron desde el principio que tu estado era reversible. Ahora solo tienes que darte tiempo para fortalecerte. Tenemos pensado hacer un crucero el verano que viene por los países nórdicos. Mis padres tienen unos amigos que les apasiona el mundo del mar. Poseen un excelente velero con el que vamos a hacer una ruta maravillosa. Claire está invitada -ella le miró de manera agradecida-. Ya puedes ir buscándote una pareja que te acompañe.